domingo, 11 de marzo de 2018

El verdadero yo


El verdadero yo

Espejismo

Trataba por todos los medios de buscar dentro de sí misma, ese algo que necesita para ser feliz, y no es tarea fácil.

Ha querido hallarlo en los libros, y hay momentos en los que parece que lo consigue, pero en la mayoría de los casos, una vez leído se da cuenta que  ha vuelto a perder aquello que en realidad nunca tuvo. Ha sido como una corriente de aire que se ha filtrado, se  ha paseado  entre sus pensamientos, pero tal como entró se fue, y no es eso lo que pretendía. Precisaba algo duradero.

Reflexiona.

Quiere buscar lo que le falta, lo necesita para la convivencia familiar, y ser consciente de esto, casi le produce vértigo. Es una lucha sin tregua, y como todas las adversidades, llega a desgastar.

Por las mañanas cuando se mira al espejo trata de adivinar cuáles son sus verdaderos sentimientos. En primer lugar se inspecciona detalladamente tratando de verse tal cual es, pero esto es muy difícil, porque ya tiene  una idea formada, y aunque quiera obviarla, está allí muy presente.  La visión le influye en contra de su voluntad.

Se mira, y la imagen que tiene  ante sus ojos, le muestra una persona completamente anodina, casi diría sin personalidad. Busca en los ojos del espejo ese algo que intuye  está escondido muy dentro de sí misma.

Bajo la apariencia tranquila que suele mostrar, intenta esconder esa otra que de alguna manera está dañando su vida cotidiana. Una vez encontrada, enseguida busca la manera de ocultarla otra vez. Si fuera una persona humana en lugar de un reflejo en un espejo le taparía la boca, le pondría una mordaza impidiéndole incluso que mostrara la imagen.

Lo que ve ante el  espejo, no le gusta, porque parece insatisfecha.  Sin saber a quién culpar.

Comprende que no puede dar la culpa a nadie más que a ella misma. En su momento cometió un error, que ahora le pasa factura.

Hay una lucha casi diría que feroz entre las los figuras, que una frente a la otra, se analizan. La real, la de carne y hueso mirando fijamente a la del espejo le dice sin palabras, que no  puede echar la culpa a nadie más que a ella.

Pero con esta actitud, sólo consigue que su rostro no refleje ningún tipo de alegría.

La del otro lado se empeña en hacerle comprender, que no hay para tanto, que todos los mortales cometen fallos, y no por este motivo desean morirse.

Miden sus fuerzas.

Es una lucha muy desigual porque la de carne y hueso sufre en su piel, todas las cosas que le van en contra.

En cambio la del espejo, parece que esté mirándola con sorna, como si se burlara, al fin y al cabo su aspecto se muestra satisfecho, segura de sí misma, tiene el valor de mirar a la cara a quien haga falta, porque en realidad, no le afecta. Su cuerpo es sólo una imagen sin vida que se limita a reproducir lo más superficial. Y en esa superficialidad no tienen cabida las decepciones, ni los desengaños, y mucho menos los rencores.

El espejo le está devolviendo una imagen completamente falsa. Y lo peor de todo es que ella lo sabe. Ese es su gran problema.

No tiene nada que ver con esa persona que deambula por la vida casi sin ánimos, maldiciendo en muchas ocasiones, todas las situaciones que  participando a la fuerza, le ha tocado vivir.  Maldice todos esos momentos, y por todo su cuerpo rezuma la amargura, piensa en el perdón, pero le suena a algo tan vacío, que enseguida descarta este desenlace. El perdón tiene que salir de dentro del ser, y no es válido pronunciar la palabra, hay que sentir que realmente se está perdonando la ofensa. Y cuando llega a esta conclusión comprende, que el espejo no le está devolviendo sus verdaderos sentimientos.

Ha sabido esconder las cosas que durante mucho tiempo le han hecho mucho daño. Las podría ir enumerando todas desde su adolescencia, pero las ha sabido esconder bajo un manto falso de felicidad.

Ahora una enfrente de la otra, se miran a los ojos, y comprende que  nada ha cambiado.

Los demás seguirán viendo a una persona que vaya donde vaya puede pasar desapercibida. Nadie nunca llegará a saber de sus verdaderas amarguras porque aprendió a ocultarlas ante el mundo que la rodea.

Prefiere pasar como alguien con poca personalidad, todo antes  que nadie llegue   al fondo de su verdadero yo.

Eso sólo queda para ella y la imagen del espejo.

Volverá a su vida normal, como si no sucediera nada importante, incluso sabiendo que va en contra de su salud.

 
 

Diciembre 2016

lunes, 15 de enero de 2018

BESOS Y ABRAZOS


BESOS Y ABRAZOS

Espejismo

Ante el espejo se complacía en mirar aquel trozo de su propia vida que ahora estrechaba entre sus brazos. Se acercó a su pequeña carita depositando en beso, tierno como si fuera de algodón, de una suavidad maravillosa  de ninguna manera  quería que se despertara.

Aquel momento solamente les pertenecía a ellas dos.

Si se despertaba seguro que lloraría, y su llanto atraería a los demás habitantes de la casa.

La acunó meciéndola en sus brazos, como lo  que era: su más preciado tesoro.

Recordaba que ya desesperaba de tener descendencia.

Todo en su vida llegó demasiado tarde.

Su boda vino cuando todos los que la conocían, susurraban entre ellos, que era una solterona.

Llegó tarde el amor a su vida, y lo hizo trayendo consigo una serie de inconvenientes, cosas que no supo descubrir hasta que nació su hija. Se casó ciertamente con un hombre del que estaba enamorada, el amor llegó tarde, pero como todas las cosas que se demoran, cuando llegó, fue arrebatador. No le importó que su marido ya viudo desde años atrás, aportara al matrimonio dos hijos.

Se decía que el amor que se profesaban lo superaría todo.

Y ahora ante el espejo, se daba cuenta, que era como una ilusión óptica.

Temía mostrar ante los demás la gran alegría que había supuesto para ella ser madre, cuando todo el mundo daba por hecho, que ni tan sólo se casaría.

Cuando se dio cuenta que cada vez que abrazaba y besaba a su hija de pocos meses, a los hijos de su marido, no les gustaba nada aquella demostración de amor, que le salía de lo más  hondo de su corazón.

Tenía que ser cautelosa.  Los hijos de su marido eran todavía pequeños para entender nada de aquellos sentimientos. Ellos sólo veían que perdían unas caricias. Y no tardaron en surgir llantos y palabras hirientes.

Tan sólo se le ocurrió una manera de mitigar aquellos celos, que entendía eran frecuentes entre hermanos, más lo tenían que ser, si eran de diferente madre.

Quizás con el paso del tiempo, todo se suavizara, y ella podría besar y acariciar a su hija, sin tener remordimientos, ni tener que esconderse de los hermanos mayores.

Cuando se lo comentó a su marido, comprendió que él, no le daba importancia. Le dijo que era normal.

Pero ella desde entonces,  cuando quería besar y abrazar a su pequeña, y decirle esas palabras que salen del alma, lo tenía que hacer a escondidas, delante de un espejo, para poder guardar la imagen para siempre.

 

Verano 2017

 

 

 

sábado, 6 de enero de 2018

REUNION


REUNION

Estando reunidas siendo adolescentes, mis amigas y yo quedamos en vernos cuando hubieran transcurrido treinta años, en tal día como hoy. El día de Reyes era lo suficientemente señalado para que no se nos olvidara.

Estuviéramos donde estuviéramos, deberíamos dar señales de vida. Nos podríamos explicar todas las cosas que nos habían sucedido en todo el tiempo que dejamos de vernos.

Y ese día por fin había llegado.

Yo lo esperaba con impaciencia, ¡tenía tantas cosas para contarles!

Las había ido recopilando mentalmente durante todo el tiempo y ahora tendría la enorme alegría de estar con ellas disfrutando de su compañía y podría escuchar cómo las había tratado la vida durante aquel tiempo.

Yo estaba pletórica de alegría.

Las veía igual,  parecía que el tiempo no había pasado.

Todas queríamos hablar a la vez. Ese aspecto no había cambiado para nada.

Quizás era yo la que más destacaba por tener una gran familia, y disfrutaba explicando con pormenores, cómo había superado todos los contratiempos sucedidos en aquel tiempo desde que dejamos de vernos asiduamente.

Realmente éramos felices. Hablábamos atropelladamente, igual que cuando éramos adolecentes, que las tres queríamos destacar con nuestras aventuras.

Nos reímos. Nos abrazamos, y sin saber exactamente el motivo acabamos llorando.

¿De felicidad?

¿De tristeza?

De repente todo se esfumó. Comprendí que llorábamos de tristeza.

Mi llanto era mucho más potente que el suyo. Lo pude entender en cuanto me di cuenta de lo que realmente me estaba sucediendo.  Todo había sido un sueño.

Cuando me acosté la noche anterior,  sé que no pude reprimir el recuerdo de aquella promesa hecha con la ingenuidad de la adolescencia.

Durante aquellos treinta años, mis dos amigas habían fallecido. Mi recuerdo al meterme en la cama fue para ellas. Había llegado el momento de reunirnos, pero ellas no estaban.

Y ellas, cabales  y conscientes de su palabra dada, acudieron en sueños, para estar conmigo.

Durante un buen rato seguí llorando mientras recordaba lo bonita que había sido nuestra amistad. Bonita precisamente porque la  disfrutamos en esos años, en que todo nos  parecía maravilloso.

Una amistad que solamente logró  romperla la muerte.

Pero ellas fieles a su promesa, acudieron a la cita.  En sueños,  pero acudieron

 

Enero 2018

domingo, 24 de diciembre de 2017

FELICES FIESTAS


FELICES FIESTAS

Sí, otra vez contemplándome ante este espejo amigo.

Nos hemos visto tantas veces que ya no dudo en llamarle amigo. Es de esas amistades que calan hondo, porque no hay engaños posibles. Aquí suelo desnudar mi alma, cosa que no hago frente a las personas que me rodean.

Suelo ser introvertida.

Mis pensamientos ahora vuelan libres de trabas, se alejan de lo cotidiano, para posarse enérgicamente en la pulida imagen.

No me detengo a analizarme.

Me da igual lo que piense esa cara que tengo delante.

Si he venido aquí, ha sido tan sólo porque necesitaba  encontrar un poco de paz.

Antes no tenía que ir en su busca, venía hacia mí, como rio que fluye al mar. Ahora no. He de ir en su busca.

Profundizo en la mirada que ni por  asomo ha bajado los párpados, ha seguido desafiante queriendo saber qué se esconde en realidad tras los ojos.

Llego a la conclusión que nunca he dejado de ser quien soy. Pero me abstengo de mostrarlo a los que me rodean, porque imagino que no van a entender mis pensamientos.

Por eso vengo hasta aquí, y en esa soledad compartida con mi propia imagen, me autosugestiono que es eso lo que necesito.

La felicidad se mide de muchas maneras.

Y me digo a mi misma que aún no he encontrado el camino para retenerla. La consigo y sin embargo tengo la sensación que se me escapa de las manos. Como si intentara llenar mis manos de agua, y la perdiera entre los dedos.

Estas alegres fiestas deberían ser motivo más que suficiente para darle este nombre honorifico.

Como un ramalazo vienen a la memoria mis años infantiles, cuando se cantaban villancicos y las risas eran la música de fondo. Inocencia. Candor. Deseos de ser buenos, de dar lo mejor de nosotros mismos. Estas eran las reglas   que imperaban entonces.

Todo ha cambiado mucho. Unas cosas han mejorado ostensiblemente, otras se han quedado rezagadas.

Estas fiestas entrañables se siguen celebrando. Las reuniones familiares no se han quedado en el olvido. Pero como una ráfaga de viento helado, nos llegan esas ausencias que nos hacen daño.

Frente al espejo pienso mientras me digo a mi misma: Que no están lejos.

Siguen en nuestros corazones.

Y con  esa conformidad salgo de ese confesionario en que se ha convertido, esa pieza de mi casa donde el espejo y yo somos protagonistas.

Navidad 2017

sábado, 16 de diciembre de 2017

MISION CUMPLIDA


MISION CUMPLIDA

 

Dicen que cuando una cosa se desea con vehemencia, llega a cumplirse, y puedo dar fe de que es así.

Yo desde que vi la película supe que quería formar parte de los personajes. En su día fue un pensamiento  de adolescente, que nunca me abandonó. Los admiraba todos. No me importaba meterme en la piel de cada uno de ellos.

Queda demostrado que a veces ocurren esta especie de milagros.

Cómo si no podía yo estar  dentro de ellos, participar de manera activa de sus diálogos, incluso de sus pensamientos.

Estaba rodeada de gente bien vestida unas veces. Otras me paseaba por una extensa plantación, y a mi alrededor todos incluso yo misma trabajaba en las labores del campo. Acababa de vivir una guerra fratricida, muchos de los amigos no habían vuelto a sus casas.

Sentía dentro de mí la gran tristeza de sus pérdidas.

Los fragores de los cañones retumbaban muy cerca.

Todo, todo formaba parte de mi persona en distintos momentos.

Era la heroína del film.

Me recreaba en todos los decorados. No me parecían falsos, al contrario para mí formaban parte de mi ser. Vivía todos los momentos que se iban desarrollando las escenas, y las vivía con la máxima intensidad.

Lloraba y reía con ellos.

Me estremecía al son de sus palabras.

Vivía el dolor de una muerte muy cercana.

Yo me había convertido en ese personaje múltiple.

Llegó ese momento en que todo termina.

Oí sus palabras de desdén. Su adiós definitivo.

Fui por unos instantes aquella mujer abandonada, que lloraba en las escaleras de su mansión.

Y aquí, más que nunca  yo formé parte de aquel personaje.

Abrí la puerta de la casa mientras le llamaba. No quería que se fuera de mi vida. Sabía que no iba a soportarlo, por lo que corrí desesperadamente tras él. Mi voz sonaba fuerte, pero parecía no llegar a su destino. Estaba envuelta en una niebla espesa que no me permitía ver nada a mi alrededor, nada excepto aquella figura humana que se alejaba.

Y sabía que no podía permitir que se distanciara más.

Le alcancé y en su rostro vi  un gran enojo y una desmesurada tristeza.

Yo también la sentía muy dentro de mí. Tomé su mano entre las mías, y le supliqué que se quedara a mi lado. Le dije que juntos podríamos rehacer lo que habíamos perdido.

Sentí en mi piel, el contacto de la suya.

Lo vi en sus ojos había conseguido cambiar aquel final que no me gustaba. Respiré hondo.

Me revolví inquieta entre las sábanas. Todo había sido un sueño. Lo había dicho desde la primera vez que vi la película, aquel final no me gustaba. Yo quería formar parte de aquellos personajes y lo había conseguido a través de un sueño.

En aquellos momentos me sentía feliz. Lo había conseguido. Había formado parte activa en el desarrollo del argumento, y me consideraba recompensada.

De acuerdo que sólo en sueños, pero pensé “Misión cumplida”

 
Diciembre 2017

sábado, 9 de diciembre de 2017

EL REGALO (Espejismo)


EL REGALO

Nada más entrar en  su casa fue directo  a su dormitorio  y cerró la puerta, poniendo apoyada una silla, de manera que desde fuera nadie pudiera entrar. Necesitaba estar a solas consigo mismo, no era la primera vez que estando allí sus familiares le atosigaban, todos querían saber de sus andanzas, y él tenía muy claro, que no quería hacer partícipes  a nadie de sus decisiones. Las importantes tenían que quedar escondidas a los demás.

La de hoy era de mucha importancia, y presumía que los demás le instigarían para que revocara la decisión tomada.

Y no quería eso.

Todo sucedió porque fue testigo presencial de un accidente de tráfico. Vio cómo llegaba la ambulancia y se llevaban un cuerpo que parecía sin vida.

Se miró en el espejo del armario, para ello tuvo que abrir la puerta de aquel mueble y de esta manera contemplar aquel cuerpo que reconocía como el suyo. Se fijó en aquella mirada penetrante, que le estaba analizando, quería descubrir la alegría tan inmensa que le embargaba.

Se sentía como si su cuerpo fuera inmortal. Acababa de donar todos sus órganos cuando él falleciera. Se preguntaba si había sido un acto heroico, o simplemente de egoísmo, porque podría vivir en otros cuerpos, viviría más de una vida, cada órgano estaría dentro de otro cuerpo. Todo serían nuevas experiencias.  Tendría más vidas, aunque era consciente que cuando llegara este momento, no podría recordar nada de lo anterior. ¿O sí?

Miró la imagen y le preguntó sin palabras, si cuando su corazón, latiera en otro lugar, él lo recordaría y podría saborear de nuevo otras situaciones.  O sus ojos podrían descubrir otros lugares a los que actualmente no le daba importancia.

Se hizo el firme propósito de tratar de recordarlo cuando llegara el momento oportuno. Quizás si ejercitaba su mente,  llegaría a poder recordar cosas pasadas.

La imagen permanecía inmutable. Si lo sabía se lo callaba. Era un monólogo silencioso.

Pero en estos momentos a él, no le importaba demasiado, recordaba con satisfacción las frases que le dijeron al firmar la cláusula donde mostraba su última voluntad. Casi lo trataron como a un héroe, y con una sonrisa asintió, pero muy dentro de sí mismo, sabía que en el fondo no era heroicidad, tampoco un acto altruista, simplemente se desprendía de aquello que no podría usar.  Estaba convencido de que a las personas que les llegaran sus órganos, les salvaría la vida, y eso sí que le hizo sentir un orgullo que nunca antes de ahora lo había ni tan sólo imaginado.

Se miró por última vez en el espejo, nada había cambiado exteriormente, pero él tenía que reconocer, que ser donante le había llenado de una paz  de difícil explicación.

Con esta idea, cerró la puerta del armario.

Pensó que de momento nadie estaría al corriente de su donación, era consciente que a su familia la tenía que ir preparando poco a poco. Aún  tenían muy arraigadas algunas supersticiones. Necesitaban tiempo para hacerse a la idea. Al fin y al cabo no tenía intención de morirse de inmediato.

Mientras cerraba la puerta le invadió una pregunta.  ¿Cuánto tiempo le quedaba?

No le importaba demasiado, estaba convencido que podría vivir más de una vida en cuerpos diferentes.

 

Junio 2017